BULOS & FAKE-NEWS COVID

DEFINICIÓN

Un bulo es una falsedad articulada de manera deliberada para que sea percibida como verdad. El anglicismo hoax, con el que también es conocido, se popularizó en español al referirse a engaños masivos por medios electrónicos, especialmente Internet. También comparte significado con otro popular anglicismo: fake.

A diferencia del fraude, el cual tiene normalmente una o varias víctimas específicas y es cometido con propósitos delictivos y de lucro ilícito, el bulo tiene como objetivo el ser divulgado de manera masiva, para ello haciendo uso de la prensa oral o escrita así como de otros medios de comunicación, siendo Internet el más popular de ellos en la actualidad y encontrando su máxima expresión e impacto en los foros, en redes sociales y en las cadenas de mensajes de los correos electrónicos. Los bulos no suelen tener fines lucrativos o al menos ese no es su fin primario, sin embargo pueden llegar a resultar muy destructivos.

Según una investigación del Instituto Tecnológico de Massachusetts, los bulos se comparten un 70% más que las noticias reales y, como lo hacen más, también se propagan a mayor velocidad, tanto, que una noticia verdadera tarda seis veces más que una que no lo es en lograr el mismo alcance.​

La Asociación de Internautas, grupo independiente de internautas en pro de los derechos de los usuarios de Internet, ha realizado un estudio independiente a 3129 internautas,​ demostrando que cerca de un 70 % no sabe distinguir entre una información veraz y un bulo.

Son muchos los que se han apuntado a la desinformación desde que inició la pandemia del COVID. Unos por querer obtener notoriedad y satisfacer su ego, otros por creerse habilitado para sentenciar con sus palabras y sentirse bien por ello, otros por querer expresar lo que piensan, otros por tratar de influir en los demás para obtener un beneficio por crear discusión en las redes, proponer dudas sobre una noticia o un producto, o incluso llegar a compartir bulos que a su criterio y sin ninguna base, le parecía espectaculares para compartir y ganas notoriedad con la colección obsesionada de "Me gusta".

Nuestro país, como el resto del mundo, ha sufrido la desgracia habitual de los expertos de "barra de bar", que sin ningún pudor, emiten sentencias sobre todo lo relacionado con esta terrible pandemia.

Hay unas bases fundamentales que en muy pocas ocasiones se respetan en ningún lugar de las redes sociales y los medios de comunicación. Estas bases son propias de un mundo cuerdo y lleno de sentido común.

Hablo de conceptos todos, que llevan directamente a algo tan sencillo como es LA VERDAD.

Es muy posible, que la verdad no interese demasiado, y para que los creadores de bulos puedan obtener sus réditos personales o empresariales, apuntan a una especial dedicación.

No solo se trata de personas normales y corrientes, que por ignorancia, desconocimiento, o falta de educación, propagan bulos. Especialmente grave es la creación intencionada de noticias creadas intencionadamente para dañar la imagen de personas, empresas, o simplemente crear la duda para obtener audiencia y generar discusiones absurdas.

Este tipo de personajes que no tienen ninguna moral ni buena intención, o simplemente están a las órdenes de alguien con peores intenciones, no son conscientes de la repercusión que puede llegar a tener un bulo.

Como decía Fernando Iwasaki en un artículo:

“Hasta hace unos años existían valores incuestionables que eran algo así como las reservas morales de nuestra sociedad. Hablo del honor, la dignidad, la honra y la palabra, conceptos todos que hoy significan muy poco, pero que nuestros padres y abuelos veneraron con unción. Era nuestra mejor herencia y la hemos dilapidado.

Para quien haya tenido la tolerancia de leer hasta esta línea, me gustaría dejar claro que no hablo de valores señoriales ni aristocráticos, ni de virtudes religiosas o más bien propias de la literatura pastoril. No. Hablo de unos conceptos que suponían la decencia, la rectitud y la honradez de los individuos. ¿Por qué se han entronizado la trampa, la sospecha y la desconfianza en las relaciones políticas, económicas y sociales contemporáneas? Porque cada vez hay menos individuos cuya palabra tenga algún valor.

De un tiempo a esta parte los partidos políticos se acusan mutuamente de incumplir su palabra o de ser desleales. ¿Y cómo puede ser leal u honorable un partido político, un ayuntamiento o un gobierno nacional, si los individuos que lo integran no lo son? ¿Se valora la inteligencia en política? No, se prefiere la astucia. ¿Se valora la sinceridad? No, se prefiere el cinismo. ¿Se valora la generosidad? No, se prefiere la mala leche. Como se puede apreciar, las “virtudes” necesarias para triunfar en política son inversamente proporcionales a los conceptos de honor, dignidad, honra y palabra.

En el terreno económico las cosas empeoran todavía más, pues las relaciones laborales están envenenadas, una maleza de letra pequeña envilece los contratos, la riqueza vive bajo sospecha y el ventajismo se disfraza de competencia. Hubo una época en que los grandes negocios se llevaban a cabo porque alguien había dado su palabra, más hoy las escuelas de negocios enseñan que la palabra no vale un duro. Sin embargo, conozco empresarios decentes que prefirieron arruinarse antes que perder la honra, el honor, la dignidad y todas esas pamplinas morales que el moderno estamento mercantil se ha encargado de suprimir para que no cunda el mal ejemplo.

Finalmente, la crisis de valores ha empantanado las relaciones sociales hasta el punto de que hoy carecemos de referentes moralmente válidos. ¿Cuáles son los modelos que pueden ser propuestos sin herir, sin ofender, sin discriminar y que a la vez sean solidarios, transgresores y políticamente correctos? Cómo decía el torero “lo que no puede ser no puede ser y además es imposible”. No debemos consentir que los individuos elijan sin asumir la responsabilidad de sus elecciones. Y la responsabilidad supone fundamentos éticos que solo podremos preservar si tenemos honra, honor, dignidad y palabra.

Los deberes y derechos que dan sentido a nuestra convivencia civil, conllevan un desarrollo institucional y otro individual. Si las instituciones no se fían de los ciudadanos, malo. Y si los ciudadanos no creen en sus  instituciones, peor.

Vivimos en el imperio de la desconfianza porque los valores más elementales se han perdido y porque hemos deshonrado nuestra palabra, esa herencia impagable que contenía todo el honor y la dignidad de nuestros padres”.

Hasta en una de las profesiones más importantes de nuestra historia reciente y pasada, como es el periodismo, se han desvirtuado los principios fundamentales. Contrastar la información y trabajar sobre ella para trasladar “la verdad”.

No importa nada la verdad. Importa el sensacionalismo y las audiencias a costa de ella.

No importa el daño causado. Importa los réditos de las audiencias.

No importa los daños colaterales, importa el protagonismo desmedido.

Son muy pocos los que trabajan en todos los ámbitos profesionales, de cualquier clase y condición, con el rigor y la verdad.

Se ha dado el caso, de periodistas de medios escritos en papel y en internet, que nos han reconocido por escrito que a ellos les fabrica una empresa las noticias, se las pasan y las publican sin más bajo su nombre sin contrastar ni medir las consecuencias, sean cuales sean.

También se ha dado el caso, en varias ocasiones, el que un periodista o internauta de redes sociales, recibe una información contrastada y verificada, y la reescribe como le viene en gana, distorsionando la realidad a su libre criterio. Esto no es periodismo, es malversar la realidad… no quiero pensar que con objetivos partidistas. O sí, yo que sé, hoy por hoy se puede pensar cualquier cosa.

Eso sí. Cuidado con tratar de explicar que lo publicado no es cierto, que incluso se enfadan y te propinan la patada diciendo que ellos no corrigen nada y que son libres e independientes.

¿La verdad es libre e independiente? Rotundamente NO. La verdad solo se obtiene mediante el trabajo, contrastar la información, y transcribirla tal y como es. Lo contrario es desvirtuarla. Y sinceramente, por la verdad no se debería de cobrar.

Los medios de comunicación hoy en día, al parecer se dictan más por su inclinación política que por la verdad. Esto no puede ser nunca bueno, y crea división y enfrentamiento continuo entre la ciudadanía. Los Medios de Comunicación, sean cuales sean y los medios donde operan, deben ser los garantes de la verdad contrastada y de la fidelidad de la información. Por dañar a tu oponente, no se puede faltar a la verdad. Eso es jugar sucio, y a estas alturas del partido, creo que es evidente que la verdad une y nunca divide.

“SUPUESTAMENTE”. Palabra que legalmente ampara un bulo o una noticia intencionada. Luego puede o no ser cierta, pero de entrada, el daño puede estar efectivamente realizado, y si se demuestra que no es cierto lo publicado o dicho… bueno, pues no pasa nada puesto que he dicho “SUPUETAMENTE” y esto me libra. La trampa al lector está servida.

Es por ello que desde aquí, queremos hacer un llamamiento a la cordura y a la verdad de todos aquellos que intervienen de una manera u otra en las redes sociales y en los medios de comunicación, así como a cualquier persona que intervenga en redes sociales, a fin de que actúen con la suficiente responsabilidad de cara a no confundir, alarmar, y propagar noticias falsas o partidistas, que inviten a la confusión.

Hay una serie de normas que hay que conocer a la hora de actuar en internet y que se recogen en diferentes artículos, que al parecer, o no interesan a la mayoría de la gente o no se leen por vagancia.

Aquí trasladamos las básicas para que se practiquen con asiduidad y entre todos desterremos de una vez por todas a este tipo de personajes que intentan obtener réditos con sus actuaciones.

·         Los  bulos sobre el coronavirus se multiplican en las redes sociales. Es clave no  contribuir a propagarlos, evitando así la generación de alertas infundadas sobre la epidemia. Para aprender a reconocer estas peligrosas fake news, que pueden representar una amenaza para la salud de todos, desprestigiar a profesionales y  empresas o fomentar la xenofobia, presentamos estas recomendaciones generales.

1.       Busca la fuente. Al recibir una información relacionada con el coronavirus o cualquier otra noticia, fíjate de dónde procede. Desconfía de informaciones que no procedan de fuentes oficiales o institucionales, o que no cuenten con la colaboración y el respaldo  de organizaciones identificables y que no te lleven a documentos oficiales nacionales, europeos o mundiales contrastados.

2.       Sé crítico. Debes saber que una de cada tres noticias de salud que son difundidas en Internet resultan ser  falsas. Sé crítico ante titulares muy llamativos o noticias alarmantes sobre la epidemia, tratamientos, o sobre productos que son tirados por los suelos sin evidencias clínicas y solamente por comentarios personales u opiniones.   Esta actitud te ayudará a reconocer los bulos y no compartirlos, ni comentarlos para dar cancha a quienes los publican.

3.       Las  pseudoterapias nunca son la solución. En paralelo a la epidemia de coronavirus  que estamos padeciendo globalmente, han aparecido numerosos “tratamientos  milagro” que aseguran curar la enfermedad o prevenirla. Todas estas pseudoterapias  son falsas, peligrosas para la salud y buscan un beneficio económico. Si recibes una información de este tipo, no la compartas y denúnciala.

4.       No reenvíes de forma automática. Es habitual reenviar a familiares y amigos  informaciones de salud que nos llegan a nuestras redes sociales y más aún si abordan asuntos de interés general como el coronavirus. No lo hagas. Piensa y contrasta antes de decidir reenviar una noticia sobre  el  coronavirus, muchas de ellas son bulos.

5.       Recurre siempre a páginas web fiables para informarte sobre el coronavirus, no acudas al  doctor Google ni a fuentes desconocidas o conocidas por simplemente ser famosos en la tele o en las redes sociales. Procura no fiarte nunca y contrasta la información. Busca en páginas web y cuentas en redes sociales de organismos oficiales como el Ministerio de Sanidad, Organización Mundial de la Salud o las Diferentes Directivas Europeas y sociedades científicas con información al ciudadano y entidades reconocibles y acreditadas. Estas webs informan citando las fuentes científicas en que se basan, apoyándose siempre en datos verificables. No siempre por ser sanitario, es cierto lo que dice. Hay personas que siendo sanitarios, tienen una opinión política o un interés determinado y por ello SIEMPRE lo que digan ha de ser avalado por documentación real y contrastada por organismos oficiales como los citados anteriormente.

6.       Contrasta las fotos y vídeos. Algunos bulos que están llegando estos días sobre el coronavirus vienen acompañados de imágenes de presuntos escenarios de la epidemia  o de personas que supuestamente fallecen de repente. Suelen ser imágenes falsas, de  otros lugares y fechas. Existen buscadores inversos de imágenes para comprobar el origen.

7.       Cuidado con datos falsos. A menudo aparecen citados datos para convencer de la veracidad de un bulo, pero son falsos. No te dejes impresionar con las cifras y contrasta que sean ciertas.

8.       No te dejes llevar por el pánico. Por último, es natural sentir preocupación ante la propagación del coronavirus y tener la necesidad de conseguir información. Son emociones humanas comprensibles, pero ten en cuenta que los bulos de salud se alimentan de tu miedo. No sucumbas al miedo irracional que pretenden los difusores de estas peligrosas noticias falsas. Ante el pánico, información veraz y de calidad contrastada y oficial.

9.       Consulta fuentes oficiales. El  Ministerio de Sanidad cuenta con información actualizada sobre el coronavirus en su página web y la web de la Organización Mundial de la Salud ha abierto una sección con los bulos más habituales del coronavirus. Además, las Normas, Reglamentos y Directivas Europeas, son quienes determinan si un producto es o no válido para protegernos de coronavirus. Las opiniones particulares o de algunos periodistas en internet, no cuentan con su aval, salvo que se ciñan estrictamente a lo que citan dichas Normas, Reglamentos y Directivas Europeas. Las opiniones son solo opiniones, y no debemos hacerlas verdad por mucho que nos impresionen.

10.   Denuncia. Tanto  la  Guardia  Civil  como  la  Policía  Nacional  cuentan con unidades  específicamente dedicadas a investigar delitos telemáticos y es posible contactar también con ellos para denunciar bulos.

 

La crisis sanitaria global surgida por la expansión del Covid-19 ha llevado a la OMS a acuñar el término Infodemia para definir una situación de miedo e inseguridad en la que la difusión de información falsa se ha generalizado.

 

Estos bulos se aprovechan de este tipo de emociones para propagarse más rápido que el propio coronavirus, generando a su paso temor y desconfianza en la población. La difusión de estas mentiras, parte de las cuales circula por las redes sociales, resulta peligrosa porque afecta a la salud y puede hacer que se agrave el contagio y provocar la muerte de personas.

Esta investigación tiene como objetivo analizar y visualizar la red tejida alrededor de las noticias falsas que circulan en Twitter sobre la pandemia del coronavirus mediante la técnica del análisis de redes sociales.

Se ha empleado el software NodeXL Pro. Se han utilizado varias medidas de centralidad para generar la red de conexiones entre los usuarios, representar sus patrones de interacción e identificar los actores clave dentro de la estructura.

Además, también se ha creado una red semántica para descubrir las diferencias en la forma en que los grupos de personas hablan sobre el tema.

Los resultados muestran que la situación en EUA domina la conversación, pese a que en ese momento apenas registraba casos y Europa se había convertido en el epicentro global del Covid-19. A pesar de las acusaciones de inacción de periodistas y críticos del gobierno de Trump, se observan varias semanas en las que la desinformación distrae de tomar medidas más eficaces y prevenir verdaderamente el contagio. Además, entre los actores con posiciones más destacadas en la red se constata la escasa presencia de científicos e instituciones que ayuden a desmentir los bulos y expliquen las medidas de higiene.

Ver el estudio completo desde este acceso:

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